Microsoft busca frenar el alza de la electricidad causada por los centros de datos de IA

El año apenas comienza y los precios de los microchips y la memoria RAM ya se han disparado. La principal razón es el auge de la inteligencia artificial (IA), que ha provocado que las grandes compañías tecnológicas incrementen masivamente la demanda de componentes clave, comprándolos al por mayor y produciéndolos en grandes volúmenes. Como consecuencia, el consumidor promedio es quien termina pagando precios más altos.

Sin embargo, el encarecimiento no se limita solo al hardware. La expansión de la IA viene acompañada de una infraestructura gigantesca: los centros de datos. Estas instalaciones, esenciales para entrenar y operar modelos de inteligencia artificial, consumen enormes cantidades de electricidad, lo que incrementa el riesgo de subidas en las tarifas eléctricas para las comunidades cercanas.

La propuesta de Microsoft para aliviar el impacto

Ante este panorama, Microsoft ha presentado una iniciativa que busca mitigar estas preocupaciones. La compañía ha anunciado que asumirá los costos adicionales de electricidad en las zonas donde instale nuevos centros de datos, con el objetivo de evitar que los residentes locales sufran aumentos en sus facturas de energía.

Además, Microsoft se ha comprometido a financiar la modernización de las redes eléctricas locales, garantizando que estos gastos no se trasladen a los consumidores. Esta estrategia responde a críticas crecientes sobre el impacto económico y social de la rápida construcción de infraestructura de IA en Estados Unidos.

“I think the bare minimum, as we look to the future, is to give these communities around the country the confidence that when a data centre comes, its presence will not raise their electricity prices”, afirmó Brad Smith, presidente de Microsoft, durante un evento en Washington, D.C.

El costo ambiental y social de la IA

Aunque la propuesta ha sido recibida como un paso en la dirección correcta, no ha logrado silenciar todas las críticas. Comunidades locales y organizaciones ambientales han expresado su preocupación por el impacto ecológico de los centros de datos, que requieren grandes extensiones de terreno y un consumo significativo de agua y energía, alterando ecosistemas y afectando la biodiversidad.

Un análisis de Bloomberg reveló que las zonas cercanas a centros de datos han experimentado un aumento de hasta un 267 % en los precios de la electricidad en los últimos cinco años. Para muchos residentes, estas infraestructuras no representan beneficios directos, especialmente en un contexto donde líderes tecnológicos advierten que la IA podría eliminar millones de empleos.

La pregunta es inevitable: ¿es justo transformar la vida comunitaria y el entorno natural para sostener una tecnología que podría, eventualmente, amenazar los puestos de trabajo locales?

Más allá de la electricidad: inversiones comunitarias

Microsoft asegura que su compromiso va más allá del suministro eléctrico. La empresa planea invertir en sistemas locales de agua, escuelas y bibliotecas, así como en programas de capacitación en habilidades de IA y creación de empleo. También financiará proyectos de “reposición de agua” cuando sus centros de datos utilicen recursos hídricos locales.

Asimismo, se lanzarán programas de formación laboral tanto para trabajadores de la construcción involucrados en la edificación de los centros de datos como para operadores a largo plazo, pese a que estas instalaciones requieren relativamente poco personal una vez que entran en funcionamiento. La compañía también colaborará con escuelas, organizaciones sin fines de lucro y empresas locales para ampliar el acceso a la capacitación en inteligencia artificial.

Un experimento con impacto global

Brad Smith describió la expansión de los centros de datos de IA como el próximo capítulo en la historia de la infraestructura estadounidense. No obstante, a medida que el boom de la inteligencia artificial se acelera, estas preocupaciones dejan de ser locales y adquieren una dimensión global.

Los efectos de estas decisiones podrían extenderse más allá de Estados Unidos, influyendo en cómo otros países gestionan el equilibrio entre innovación tecnológica, sostenibilidad ambiental y bienestar social. Solo el tiempo dirá si la estrategia de Microsoft de convertirse en un “buen vecino” es viable y sostenible a largo plazo.